12.- Dibujo a la sanguina

 

Ya vimos cómo se dibuja con grafito, goma, difumino y pincel. Para hacer aquel ejercicio practicamos dibujando una mano. Ahora haremos un estudio de un pie pero con sanguina para conocer una técnica diferente.

 

Si vamos a dibujar un pie no puede ser un pie cualquiera, así que he elegido un pie de oro en sentido literal de la palabra. Nuestro modelo será la reproducción en oro del pie de un personaje famoso aunque no diré quién es para evitar polémicas ajenas al arte.

 

 

 

Los pies y manos son las partes de una persona más difíciles de dibujar, ahí es donde la mayoría de estudiantes se traba, pero con algo de práctica se puede superar esta dificultad. La clave está en entender la estructura ósea del pie y la forma de construirla de manera esquemática.

 

Antes de utilizar la sanguina haremos una rápida práctica a lápiz grafito.

 

 

Comenzamos trazando unas figuras irregulares muy simples que nos servirán para encajar el dibujo. Estas líneas que forman cajas son las envolventes de los principales grupos de huesos del pie que son los que definen la forma externa del mismo.

 

En este paso tenemos que ajustar lo más posible las direcciones de los trazos y las proporciones entre las diferentes partes que componen el pie, este es el momento de corregir todo los errores tomando las referencias con respecto del modelo que sean necesarias hasta estar seguros de que el modelo encajaría en nuestro esquema. Lo que dejásemos pendiente de ajuste sería  más tarde incorregible sin  que el dibujo se viese seriamente afectado.

 

 

Utilizando como guía los trazos del encajado, dibujamos el contorno del pie procurando que el perfilado se aproxime al modelo lo mejor posible para evitar deformaciones.

 

Marcamos con un punto suave el punto de destino de la línea que vamos a trazar y desde el punto que determinemos como origen ensayamos varias veces el movimiento de la mano en el aire sin que el lápiz roce el papel simulando que estamos trazando la línea desde el punto de origen al de destino.

 

Cuando estemos seguros de la trayectoria a seguir dibujamos una línea limpia en un solo gesto, sin mover el lápiz adelante y atrás por que esto ocasionará una línea de sierra poco  profesional.

 

 

En este esquema se puede ver los trazos que he hecho y el orden que he seguido para completar el contorno. Cada trazo termina en la punta de flecha y da comienzo al siguiente.

 

 

El siguiente paso es dibujar  los perfiles de los dedos, es decir las líneas que delimitan su forma separándolos de los otros,  y sus uñas. Todo ello de forma muy sencilla sin demasiado detalle. Seguimos con unas líneas que indicarán de forma lo más aproximada posible las arrugas, pliegues y venas.

 

 

En el último paso de este boceto, borramos las líneas de encaje y de tanteo y sombreando con la técnica del achurado, es decir el tramado de rayas paralelas cruzadas en diversas direcciones,  modelamos el pie para darle volumen, aunque no es necesario un acabado realista pues se trata sólo de un ensayo.

 

 

Bien, pues empezamos nuestro dibujo a sanguina.

 

Tomando como modelo la fotografía del pie de oro o el boceto a grafito, ya que lo tenemos,  repetimos el dibujo del contorno del pie en papel apropiado para el tipo de lápiz sanguina, yo he elegido papel Canson.

 

Suavemente cubrimos todo el dibujo con un rayado de lápiz sanguina haciendo el rayado más denso en las zonas que serán de sombra. Más denso quiere decir con las líneas más juntas pero sin apretar más el lápiz.

 

 

Con un difumino bien limpio que no esté contaminado de carbón u otros colores, yo he elegido uno de 12 milímetros de ancho, fundimos muy suavemente el rayado hecho en el paso anterior. De modo que creamos una base de color que tape completamente el gris del papel. Con este fundido veremos que la sanguina potencia su luminosidad.

 

Al fundir procuraremos no hacer “escapadas” que son esas rayas o manchas que se salen del contorno del dibujo, para eso utilizamos la punta del difumino que es más fina y controlable que los dedos. Si es necesario podemos borrar las escapadas con la goma maleable.

 

 

Ahora con la goma maleable en forma puntiaguda abrimos luces en los sitios más iluminados según el modelo. Es decir dibujamos con la goma las venas, arrugas y brillos, pero debemos hacerlo con suavidad y control ya que la goma maleable es muy absorbente y el polvo de la sanguina no se adhiere demasiado al papel, por lo que si borramos vigorosamente podemos dejar el papel con grandes zonas sin color.

 

Esta forma de dibujar con la goma es lo que se llama dibujar en “negativo” por similitud  con el negativo de una fotografía “analógica” cuando se abren luces con goma en un dibujo al carbón.

 

 

Si no tenemos goma maleable para dibujar líneas finas de “luz” se puede utilizar un lápiz-goma, que como su nombre indica es un lápiz que en lugar  de grafito contiene una “mina” de goma, es decir que en lugar de escribir borra.

 

Cuando la goma que está a la vista se acaba se afila como cualquier lápiz, aunque aconsejo que se utilice un afilador o sacapuntas de tipo escolar, ya que con la cuchilla es difícil conseguir una punta fina pues la goma se dobla con el empuje de la cuchilla.

 

Por otra parte a diferencia de la goma maleable el lápiz-goma sí produce migas o viruta de goma por lo que es necesario disponer de una brocha o pincel para barrerlas con extrema delicadeza para no perjudicar el dibujo. Hay lápices goma que tienen la brocha incorporada como el que muestro en la foto.

 

 

En este paso retomamos el lápiz y con más confianza volvemos a sombrear con pequeños rayados,  acentuando la intensidad de las sombras para definir mejor el volumen y la forma de los dedos, las arrugas, venas etc.

 

Con el lápiz pastel blanco realzamos las luces abiertas anteriormente con la goma maleable. Con esto aumentamos el contraste entre luces y sombras con lo que conseguimos tres cosas, dar mayor sensación de volumen, definir las formas  e insinuar algo mejor la textura de la piel.

 

Llegados a este punto podríamos dar por acabado este ejercicio de dibujo de un pie a la sanguina pero avanzaremos otro paso más.

 

La sanguina es parecida al carboncillo pero es más difícil de difuminar. Se puede trabajar dejando sus trazos “frescos”, tal como los trazamos con el lápiz, o a manchas por rayados o difuminados. Puede practicarse en técnicas mixtas: sanguina y lápiz blanco, sanguina y lápiz negro o técnica a tres lápices. Es decir sanguina, blanco y negro.

 

La razón de estas técnicas es que la gama tonal de la sanguina es mucho más reducida que la del carbón. Entre el tono más claro y el más oscuro de un difuminado de sanguina hay menos diferencia que en el difuminado de una mancha de carboncillo o carbonilla como se dice en muchos lugares.

Por eso para subir el tono de una sanguina hay que mezclarla con blanco y para bajar su tono es necesario mezclarla con negro.

 

En esta foto puede verse un degradado de sanguina virando hacia el blanco y hacia el negro debido a las respectivas mezclas con estos colores.

 

 

En este paso final practicando la técnica de los tres lápices, o los tres colores como la llamó su inventor Watteau, el pintor francés del siglo XVIII que elevó el dibujo a la sanguina a la categoría de arte, he sombreado con lápiz carbón y he aclarado con lápiz pastel blanco. El resultado pretende reproducir la textura metalizada del modelo primitivo en oro que no es lo mismo que la piel humana.

 

Y esto ha sido todo.